
GUIPÚZCOA
El infierno de Saturrarán
Goizeko Izarra presenta en Mutriku una obra que refleja el calvario que sufrieron mujeres y niños en esta cárcel vasca del franquismo
01/06/08El infierno de Saturrarán
Goizeko Izarra presenta en Mutriku una obra que refleja el calvario que sufrieron mujeres y niños en esta cárcel vasca del franquismo
RICARDO DÍEZ
EIBAR
Las nuevas generaciones identifican Saturrarán con el verano, la playa, el mar y el tiempo libre. Es un buen lugar para pasar un soleado día veraniego. Pero hace casi 80 años el panorama era bien distinto. La Guerra Civil estaba llegando a su fin. Con el avance de las tropas franquistas por todo el territorio español, el bando republicano estaba siendo vencido. Quienes defendían la República o las ideas de izquierdas no tuvieron más remedio que viajar al exilio. Eso los que tuvieron la 'suerte' de poder hacerlo, porque los que se quedaron en territorio español fueron fusilados o encarcelados. Miles de personas entraron en unas cárceles en las que no se daba las mínimas condiciones de habitabilidad: hacinamiento, falta de higiene, escasez de comida, malos tratos, epidemias Pero la situación era aún peor en las cárceles de mujeres, ya que entraban en los penales junto a sus hijos, y muchos de ellos no sobrevivían en esas condiciones.
Este es el caso de la cárcel de Saturrarán, que fue creada tras una Orden del día 29 de diciembre de 1937 como respuesta a la saturación de las secciones para mujeres en las prisiones centrales de buena parte del norte de España. En las instalaciones de este penal, que permaneció en funcionamiento hasta mediados de la década de los cuarenta, perdieron la vida un total de 116 mujeres y 56 niños, como consecuencia de fiebres tifoideas, tuberculosis, insuficiencias respiratorias y cardíacas, y otras enfermedades. Unos datos que reflejan claramente el infierno que vivieron las personas encerradas en aquel lugar.Ahora, con el objetivo de que la historia sea conocida por las nuevas generaciones, llega a Mutriku el montaje teatral 'Saturrarán 1938-1944', a cargo del grupo local Goizeko Izarra. La autora de la obra es Arantza Ugarte, integrante del grupo, y señala que la elaboración del guión es fruto de «cinco años de recabar información, de leer literatura al respecto y de hablar con mujeres que vivieron todo aquello», trabajo realizado junto a su compañero, Xavier Basterretxea.

EL REPARTO. El grupo de actrices de Goizeko Izarra que participa en la obra posa durante un ensayo. /JULIO CALLEJA
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Este es el caso de la cárcel de Saturrarán, que fue creada tras una Orden del día 29 de diciembre de 1937 como respuesta a la saturación de las secciones para mujeres en las prisiones centrales de buena parte del norte de España. En las instalaciones de este penal, que permaneció en funcionamiento hasta mediados de la década de los cuarenta, perdieron la vida un total de 116 mujeres y 56 niños, como consecuencia de fiebres tifoideas, tuberculosis, insuficiencias respiratorias y cardíacas, y otras enfermedades. Unos datos que reflejan claramente el infierno que vivieron las personas encerradas en aquel lugar.
Ahora, con el objetivo de que la historia sea conocida por las nuevas generaciones, llega a Mutriku el montaje teatral 'Saturrarán 1938-1944', a cargo del grupo local Goizeko Izarra. La autora de la obra es Arantza Ugarte, integrante del grupo, y señala que la elaboración del guión es fruto de «cinco años de recabar información, de leer literatura al respecto y de hablar con mujeres que vivieron todo aquello», trabajo realizado junto a su compañero, Xavier Basterretxea.
Celdas de castigo
En este montaje queda reflejado claramente el calvario por el que pasaron las encarceladas. De hecho, según explica Ugarte, uno de los objetivos de la puesta en marcha de este proyecto es «transmitir la historia de la cárcel de mujeres, sensibilizar y no olvidar». Unas monjas hacían las veces de funcionarias de prisiones, pero de una manera muy estricta. «La disciplina que impusieron era muy fuerte, las presas apenas podían hablar entre ellas, y al menor síntoma de rebelión o mal comportamiento eran enviadas a la celda de castigo. Se trataba de un habitáculo a ras del mar, en el que entraba la marea y en el que la mujer castigada podría estar con los pies bajo el agua continuamente».
En este montaje, Ugarte señala que se han centrado en aspectos como «la disciplina, el hambre que pasaban o las relaciones entre las reclusas y las monjas». El espectáculo se inicia con un montaje audiovisual, con las intervenciones de una narradora que cuenta la historia de Saturrarán y de dos mujeres que vivieron en primera persona la reclusión en el lugar. «Todo ello se verá complementado con momentos teatralizados», explica Ugarte.
La historia de esta cárcel no es muy conocida entre los más jóvenes. «Ya en el 44, la cárcel fue convertida en seminario, y muchos recuerdan este otro uso que se le dio al edificio. Sin embargo, los más mayores sí se acuerdan de que durante los últimos años de la Guerra Civil y los primeros de la posguerra hubo en Saturrarán una cárcel de mujeres», destaca Ugarte.
Durante aquellos años, la autora del montaje señala que, según sus averiguaciones, las gentes de los pueblos del entorno, es decir, Mutriku y Ondarroa, fueron muy solidarios con las presas. «Les llevaban comida y, lo que es más importante, muchos apadrinaron temporalmente a los niños encarcelados, y los llevaron a sus casas hasta que las presas salieran de la cárcel. Esto, sin duda, salvó la vida a algunos de los niños, que por lo general morían dentro de la cárcel por las epidemias. Además, se evitó que los franquistas se quedaran con los niños, que primero los llevaban a los centros de Auxilio Social, donde les lavaban el cerebro, y luego los daban en adopciones irregulares a familias afines al régimen, con el resultado de que para la madre biológica era imposible encontrarlos después de salir de la cárcel», lamenta Ugarte
Ahora, con el objetivo de que la historia sea conocida por las nuevas generaciones, llega a Mutriku el montaje teatral 'Saturrarán 1938-1944', a cargo del grupo local Goizeko Izarra. La autora de la obra es Arantza Ugarte, integrante del grupo, y señala que la elaboración del guión es fruto de «cinco años de recabar información, de leer literatura al respecto y de hablar con mujeres que vivieron todo aquello», trabajo realizado junto a su compañero, Xavier Basterretxea.
Celdas de castigo
En este montaje queda reflejado claramente el calvario por el que pasaron las encarceladas. De hecho, según explica Ugarte, uno de los objetivos de la puesta en marcha de este proyecto es «transmitir la historia de la cárcel de mujeres, sensibilizar y no olvidar». Unas monjas hacían las veces de funcionarias de prisiones, pero de una manera muy estricta. «La disciplina que impusieron era muy fuerte, las presas apenas podían hablar entre ellas, y al menor síntoma de rebelión o mal comportamiento eran enviadas a la celda de castigo. Se trataba de un habitáculo a ras del mar, en el que entraba la marea y en el que la mujer castigada podría estar con los pies bajo el agua continuamente».
En este montaje, Ugarte señala que se han centrado en aspectos como «la disciplina, el hambre que pasaban o las relaciones entre las reclusas y las monjas». El espectáculo se inicia con un montaje audiovisual, con las intervenciones de una narradora que cuenta la historia de Saturrarán y de dos mujeres que vivieron en primera persona la reclusión en el lugar. «Todo ello se verá complementado con momentos teatralizados», explica Ugarte.
La historia de esta cárcel no es muy conocida entre los más jóvenes. «Ya en el 44, la cárcel fue convertida en seminario, y muchos recuerdan este otro uso que se le dio al edificio. Sin embargo, los más mayores sí se acuerdan de que durante los últimos años de la Guerra Civil y los primeros de la posguerra hubo en Saturrarán una cárcel de mujeres», destaca Ugarte.
Durante aquellos años, la autora del montaje señala que, según sus averiguaciones, las gentes de los pueblos del entorno, es decir, Mutriku y Ondarroa, fueron muy solidarios con las presas. «Les llevaban comida y, lo que es más importante, muchos apadrinaron temporalmente a los niños encarcelados, y los llevaron a sus casas hasta que las presas salieran de la cárcel. Esto, sin duda, salvó la vida a algunos de los niños, que por lo general morían dentro de la cárcel por las epidemias. Además, se evitó que los franquistas se quedaran con los niños, que primero los llevaban a los centros de Auxilio Social, donde les lavaban el cerebro, y luego los daban en adopciones irregulares a familias afines al régimen, con el resultado de que para la madre biológica era imposible encontrarlos después de salir de la cárcel», lamenta Ugarte









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