12 agost 2008

TESTIMONIO DE LA SOLIDARIDAD ANTIFASCISTA


AGRADECEMOS AL COMPAÑERO SÁNCHEZ REBOLLEDO ESTE INTERESANTE ARTÍCULO SOBRE EL LIBRO DE MARY BINEHAM DE URQUIDI: MERCY IN MADRID. UN TESTIMONIO SOBRE LA SOLIDARIDAD INTERNACIONAL CON LA ESPAÑA ANTIFASCISTA Y REPUBLICANA.

CMHDC



GUERRA Y MISERICORDIA EN MADRID

Adolfo Sánchez Rebolledo, investigador mexicano. (1)



Las memorias de Mary Bingham de Urquidi —inglesa por nacimiento, mexicana por matrimonio— se intitulan "Misericordia en Madrid", un nombre extraño para recordar una época donde la compasión apenas si figura entre los grandes significados épicos y morales que la definen.1 El libro es una mirada sobre dos grandes capítulos de esa vorágine que fue la guerra civil española: el nacimiento de los hospitales erigidos en 1936 por las milicias populares en el campo republicano y el asilo otorgado por la embajada de México en Madrid a más de 800 españoles bajo la protección de su bandera. Casada con el diplomático Juan F. Urquidi, Mary Bingham nos relata una aventura personal en la cual se entreveran el drama familiar y la voluntad de ayudar al prójimo. El resultado es un recuento minucioso, un diario personal convertido en alegato moral en favor de una visión del mundo fundada en la misericordia.2 (LLEGIR MÉS)



Mary Bingham rinde tributo al género autobiográfico; busca poner en blanco y negro sus recuerdos, evitando que el tiempo desvanezca el significado de la historia vivida, de suyo única e intransferible. Que el intento devenga una suerte de ajuste de cuentas —el Yo mira al pasado con la intención de “hacer justicia”— es casi obligatorio. Asidas a la “objetividad” del detalle, las memorias fijan la historia, recreando el lugar propio como espacio germinal de un destino público que se hará comprensible al final, cuando no hay vuelta atrás y las piezas del rompecabezas se unen. Al liberar a la memoria de sus cerrojos, la conciencia se desfoga contra el daño causado por el olvido que se busca reparar.
María Zambrano, María Teresa León y Elena Garro, por mencionar sólo a un trío excepcional, figuran entre las escritoras destacadas que han confiado en la memoralia para revelar territorios ignorados, pliegues, accidentes, sentidos y significados no siempre asimilables al relato general de la guerra civil española. Además, entre todas esas obras de mérito reconocible, deambulan innumerables testimonios; confesiones de gente corriente en situaciones específicas nos acercan a la subjetividad de los actores, a esa individualidad que se halla construida sobre el entramado de valores éticos y culturales compartidos que el gran relato histórico confirma o desafía. Y si, además del imperativo moral, quienes recuerdan unen a su capacidad de observación cierta destreza narrativa para contar qué pasó, sus historias habrán enriquecido nuestros conocimientos con un aire de admirable frescura.
Mary Bingham dedica Misericordia en Madrid “a la memoria de mi esposo, el ingeniero Juan Francisco Urquidi, y a la Escuela de Enfermeras del Hospital Monte Sinaí de Nueva York, fuentes primarias de su propia razón de ser. El doble impulso moral —y amoroso— que ilumina el recuento puntual de la historia por la autora tiene, ya queda dicho, en la exaltación del servicio humanitario como vocación una de las claves; la otra es la reivindicación de la memoria de su esposo, Juan F. Urquidi, cuya gestión diplomática se viera empañada al final de sus días españoles por las intrigas palaciegas montadas sobre la resaca de las tensiones creadas por la guerra civil.
La calidad descriptiva del relato sirve aquí para reintegrar el mundo concreto al curso mayor de la historia en curso, no al revés, y aunque en ocasiones el detalle resulte estéril estorboso (la misma atención a todos los incidentes ocurridos), en el conjunto final se agradece la pasión observadora, la fidelidad al cómo ocurrieron las cosas, incluso cuando la autora parece desinteresarse del porqué de una guerra atroz a la que ella misma no encuentra justificación alguna. Distante de la fe o el heroísmo, del espíritu de Cruzada o del sueño de la Revolución, común a la literatura de la época, este relato es peculiar porque deja muy pocos espacios a la amargura o la soberbia, tan presentes en la herencia memoriosa de vencedores y vencidos. En rigor, ella no es una brigadista ni una voluntaria extranjera antifascista, como las muchas que acudieron al llamado de la República. Mary Bingham ya estaba en España y, metafóricamente, sólo debió cruzar la calle para involucrarse en la guerra. Impelida por la vocación de enfermera, en ella pesa menos la responsabilidad diplomática que el compromiso moral. Pero tampoco la suya es una visión indiferente, pues no puede ponerse de espaldas ante la tragedia que a todas horas se despliega ante sus ojos, aunque evite la identificación ideológica con las posiciones en pugna. La atipicidad de la mirada resultante proviene, en principio, de la inusual disposición que la lleva a compaginar las responsabilidades familiares y diplomáticas en la embajada de México, la política de activa solidaridad del gobierno de Lázaro Cárdenas con la República en defensa del “derecho de gentes”, con el trabajo en un hospital militar dirigido por el Partido Comunista, sin enredarse en los vericuetos de la doble moral ni acusar síntomas de esquizofrenia.
Más allá de las calificaciones literarias del texto, sorprende el ritmo narrativo, la naturalidad con que cruza de uno a otro escenario —el hospital y la embajada— tan distantes e incluso opuestos, sin desdibujar el principio humanitario, estrella polar que la guía entre sus contemporáneos comunistas o franquistas, en una travesía que todavía hoy parece imposible al lector, pues ¿cómo servir al prójimo sin verse envuelta en el torbellino de una guerra fratricida que no es la suya? ¿Cómo conciliar los deberes familiares, la fidelidad hacia amistades de repente vueltas peligrosas (por su apoyo a la sublevación franquista) con el cuidado incondicional a los heridos republicanos en un centro hospitalario creado y dirigido por el Socorro Rojo Internacional? Conocemos la respuesta general: “Para mí todos eran españoles y los amaba a
todos por igual”. ¿Es suficiente?


(1)Nacído en 1942 en México, D.F. Actualmente colaborador semanal del diario La Jornada y director del suplemento dominical El Correo del Sur, Morelos. Miembro del Instituto de Estudios para la Transición Democrática, institución civil fundada en 1989 y autor, entre otros libros, de La revolución cubana (1972) y El país que Fox nos deja, compilador (2006) Interesado desde siempre por los temas de la guerra civil en España, y con la finalidad de añadir un grano de arena a la recuperación cabal de la memoria histórica, en la actualidad prepara una serie de textos sobre la participación de los voluntarios mexicanos en ese capítulo decisivo del siglo XX.
LLegir la totalitat de l'article: Guerra_y_misericordia_en_Madrid_word4.pdf


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